La joven palestina Ahed Tamimi se encuentra
detenida en una cárcel militar israelí desde el 19 de diciembre anterior, lo
mismo que su mamá, Nariman Tamimi. Pero Ahed en particular se ha transformado
en un nuevo ícono de la denominada «resistencia palestina» y han
intentado mostrarla ante la opinión pública internacional como una inocente
niña prisionera del malvado ente sionista ocupante. Sin embargo, una serie de
inconsistencias revelan que este emblema palestino es solamente una creación
más del marketing propagandístico que durante años golpea a Israel desde las
plataformas noticiosas y hoy desde las redes sociales.
Se debe comenzar explicando que la joven de
la emblemática familia Tamimi inició desde muy pequeña sus labores a favor de
la «resistencia», con una serie de videos donde se le veía provocando
a los soldados israelíes cada viernes que se daban manifestaciones por parte de
los palestinos de su pueblo en Nabi Saleh, al noreste de Ramallah, contra los
militares, en protesta por el establecimiento del asentamiento judío de
Halamish, en los montes de Benjamín, dentro de los territorios de Judea y Samaria
(Cisjordania), lo que incluía fuertes disputas sobre el pozo de agua
comunitario. Basta con buscar algunas de sus apariciones en YouTube para
comprender el uso indiscriminado de niños y mujeres en las protestas
palestinas, incluyendo a Tamimi, sazonados con el desproporcionado número de
camarógrafos y corresponsales de prensa listos para filmar cualquier amago de
violencia que se pueda manifestar.
En varios de los videos en que aparece Ahed
se nota cómo espera hasta que haya cámaras cerca para hacer su espectáculo, con
gritos, puños arriba, empujones contra soldados y demás. Este tipo de acciones
son lo que en ese momento, siendo una pequeña niña de 10 u 11 años, le valió el
sobrenombre de Shirley Temper palestina, por sus dotes como actriz en zona de
conflicto. En el año 2012, en un video donde se ve a miembros de la familia
Tamimi evitando la detención de Mohammed Tamimi, acusado de lanzar piedras
contra soldados, aparece la niña Ahed Tamimi mordiendo la mano de un soldado.
Esto le valdría el premio del Gobierno turco con el galardón Handala Courage
Award de manos del en su momento ministro Recep Tayyip Erdogan.
Sin embargo, vale destacar que también en
reiteradas ocasiones optan por fabricar noticias, sin la presencia real de
militares israelíes o utilizando actores vestidos como soldados. Utilizarán las
filmaciones para crear lo que actualmente se conoce como fake news, lo que,
para efectos de un conflicto mediático como este, es indiferente, y serán
ofrecidas las escenas como reales. A esto se le ha dado desde hace años el
apodo de «Pallywood», que son actuaciones sobre el conflicto y
supuestos enfrentamientos con la finalidad de marcar a la opinión pública
contra el Estado de Israel.
En ambos casos citados, la familia Tamimi
es importante en la producción de esta clase de material muy apetecido tanto
por medios de comunicación a nivel local como internacional. También en algunos
casos por organismos no gubernamentales criticados por su participación en la
difamación contra Israel, por ejemplo B’Tselem y Shalom Ajshav (‘paz ahora’),
ambos encargados de señalar las acciones del Estado de Israel contra los
palestinos en los territorios en disputa, principalmente en cuanto a violación
de los derechos humanos, aunque en varias oportunidades se los ha visto siendo
parte de las plataformas de propaganda anti-israelí, lo que deslegitima su
labor.
Es necesario también hacer una referencia
respecto al clan Tamimi. Algunos de sus miembros están involucrados en actos
ilegales como asesinatos y terrorismo, como bien lo especificaría en un
artículo la escritora Caroline Glick. Dos de sus primos, Said y Nizar Tamimi,
fueron acusados por el asesinato del ciudadano Chaim Mizrahi, del pueblo de
Beit El, en el año 1993. Por su parte, Ahlam Tamimi, tía de Ahed, planeó la
masacre en una pizzería de Jerusalén, en el año 2001, con un saldo de 15
muertos y al menos 130 heridos. Bassem, padre de Ahed, ha estado involucrado en
varios procesos penales por incitación a la violencia, y también ha sido
criticado por hacer declaraciones polémicas, como en el año 2015, cuando
propagaba el libelo de que los israelíes asesinaban niños palestinos para
robarles sus órganos, denuncia puesta en su momento por la Liga Anti Difamación.
Los íconos de la resistencia palestina
tienen particulares componentes que marcan la opinión pública internacional,
principalmente para Occidente, ya que llevan consigo la marca de tratarse de
poblaciones sensibles, por lo tanto, tocan fibras delicadas.
Por ejemplo, durante la Segunda Intifada se
transformó en icónico aquel niño que se ve lanzando piedras contra un tanque,
lo cual daba señal de tratarse de un conflicto desproporcionado, lo que
generaría que algunos analistas declararan en su momento: «Eso no era una
guerra, sino un genocidio»; expresión que aún hoy se escucha con
regularidad entre algunos analistas del conflicto y académicos, además de los
que son históricamente críticos con Israel por diferencias ideológicas o
políticas.
Del mismo modo, durante esa Intifada el
niño Mohammed Al Durrah, de 12 años, se transformó en un emblema y su imagen
circuló por el mundo, luego de que Talal Abu Rahma, camarógrafo palestino que
servía como corresponsal de la cadena France 2, lograra grabar el momento en
que él y su padre, Jamal Al Durrah, quedaron en medio de un fuego cruzado entre
israelíes y palestinos. Cuando, de un momento a otro, el niño Mohammed aparece
en una escena muerto por supuestos disparos de las Fuerzas de Defensa de Israel
(IDF), el propio Estado de Israel aceptó inicialmente la autoría de la muerte
dadas las tensiones, pero, entre los años 2004 y 2007, al realizar análisis
minuciosos, se negó la responsabilidad.
En ambos casos son niños los íconos de la
«resistencia», ya sea por tratarse de luchadores o mártires. Para el
inconsciente moral occidental, la imagen de menores de edad en conflictos
armados cala profundo en la opinión pública. Esto ocurrió durante el 2014 con
los cuatro niños palestinos muertos por fuego israelí en una playa de Gaza
durante la operación Margen Protector o, por el contrario, cuando, en el 2013,
un bebé llamado Omar Misharawi murió producto de un cohete de Hamas que cayó en
su casa, y fue presentado como una víctima de fuego israelí, en varios medios,
incluida la cadena BBC, que vendió la idea de que habían sido los israelíes los
responsables. Por lo que posteriormente dio pie a que el abogado Alan
Dershowitz denominara esta estrategia como la del bebé muerto, que sirve de
propaganda y si bien el concepto se resume en política respecto a la muerte, lo
cierto es que un niño soldado es un luchador de la guerra desigual, mientras
que uno muerto será un mártir.
En el martirio se encuentra la otra forma
de vender propaganda contra Israel. Para esto, dos casos importantes de una
larga lista que llevaría a recorrer las empapeladas calles de Cisjordania o
Gaza pueden servir de ejemplo. El primero fue el asesinato, en 2004, por parte
del ejército de Israel, contra Ahmed Yassin, líder espiritual del Hamas, quien
por su condición física, inválido desde los 12 años, tetrapléjico y casi ciego,
generó fuertes críticas por el asesinato selectivo del cual fue víctima en
marzo de 2004. Sin embargo, lo que poco se menciona o se omite es que varios
atentados por parte del Hamas fueron ordenados directamente por este líder del
ala palestina de los Hermanos Musulmanes, nombre con el que se dio a conocer el
grupo islamista en 1987.
El segundo caso es el de Ibrahim Abu
Thuraya, de 29 años, hombre que había perdido sus piernas durante el conflicto
del año 2008 en una intromisión cerca de la frontera con Israel. El 15 de
diciembre murió de un supuesto disparo en la cabeza por parte del Ejército
israelí durante un «día de ira palestina» por la decisión del
presidente Donald Trump de declarar a Jerusalén como la capital de Israel. Su
caso en cierto modo se asemeja al de Mohammed Al Durrah, donde se duda de la
versión por parte de las autoridades en la Franja de Gaza, en especial porque
el hombre fue enterrado sin que se permitiera realizar una autopsia que
garantizara que su deceso se debió a fuego israelí.
En las dos circunstancias, la imagen de
indefensión se vende en igualdad de condiciones. Sin embargo, las actividades
que ambos realizaban por la «resistencia» eran muy distintas entre
sí. El primero era un prominente terrorista con antecedentes por asesinato
contra israelíes y hasta contra palestinos acusados de colaborar con la
«ocupación», mientras el segundo era un activista utilizado como
carne de cañón durante las manifestaciones palestinas en Gaza contra Israel,
donde no necesariamente se trata de actos pacíficos, sino que en muchas
oportunidades hay enfrentamientos que terminan con disparos.
La misma Caroline Glick manifestaría un
aspecto esencial en este tema: «Hay dos componentes de la guerra palestina
para aniquilar a Israel: el terrorismo y la propaganda. Los dos están
vinculados integralmente». Ella puntualmente los asocia con el caso
Tamimi, sin embargo es una circunstancia reincidente. En el caso particular del
clan de Nabi Saleh se trata de los actores de turno, pero es cíclico que la
explotación de la propaganda por parte de los palestinos le pone rostro a esta
estrategia de mercado bautizada como «resistencia» y que solamente se
suma a la política de preservar el conflicto lo más alejado de una solución
real, que les asegure victorias palestinas y duras derrotas a los israelíes en
el campo de la opinión pública.
El autor es licenciado en Relaciones
Internacionales de la Universidad Internacional de las Américas, especializado
en la temática de Oriente Medio. Escritor de varios artículos de opinión para
diferentes medios de prensa escrita nacional e internacional, académico
universitario.
Ahed Tamimi y el marketing de la resistencia
27/Jul/2018
Infobae- por Bryan Acuña